Excelencia y Calidad
Hoy se habla mucho de excelencia y calidad: se busca mayor eficacia y mayor eficiencia en las empresas, en los negocios, en las instituciones, etc. Se intenta conseguir mayor productividad en un ambiente de alta competitividad. Se busca mayor rendimiento en menor tiempo y mejorando la calidad del producto. Hoy se habla también de saber gerenciar en su propio campo, de ser un ejecutivo eficiente.
Hay muchos expertos que han tratado estos temas: economistas, administradores de empresas, líderes empresariales, ejecutivos y profesionales con éxito, etc.
Sin embargo, lo que nosotros pretendemos es darle un enfoque distinto a estos temas, de hablar de una perspectiva más global, mas completa, es decir desde una perspectiva empresarial y cristiana a la vez.
Muchas personas importantes han logrado la excelencia y calidad en su trabajo, en su profesión; han conseguido esa capacidad de gerenciar en su campo, han sido excelentes ejecutivos de su área, pero… han fracasado en su vida familiar, en su matrimonio, en la formación de sus hijos, en su círculo social, etc.
Las metas de calidad y excelencia, que como buenos ejecutivos debemos asumir, deben plantearse desde una perspectiva cristiana.
Pero… ¿qué tienen que ver estos conceptos empresariales con la fe, con el cristianismo o la religión? Pues, ¡muchísimo!
Debemos tener presente que los conceptos excelencia y calidad no son una novedad o un descubrimiento de este siglo. Es algo que el cristianismo introdujo desde el comienzo de su existencia, aunque en otros términos y de manera más perfecta. Lo mismo sucedió con los principios de Libertad e Igualdad proclamados por la Revolución Francesa, que tienen su origen en el mensaje del Evangelio.
Cristo predicó, es más, exigió la santidad, la perfección de vida. Y esto apuntaba a todo el hombre. Y la santidad, justamente, consiste en eso: en ser el mejor. Porque ser santo, consiste en ser el mejor hijo, el mejor padre, el mejor profesional, el mejor empresario, el mejor estudiante, el mejor amigo, es decir, el mejor en todo.
Cristo, nuestro maestro, fue el mejor y por ello hacía todas las cosas con perfección, con calidad y excelencia. Marcos, en su evangelio, nos cuenta: “Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien; a los sordos hace oír y a los mudos hablar” (Mc. 7,37).
Cristo mismo lo exigió así, a todo aquél que le quería seguir: “Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial” (Mateo 5, 48).
Entonces, podríamos decir que ser santos es saber gerenciar nuestras vidas con excelencia y calidad. Y así, llegar a ser el ejecutivo perfecto como lo fue Cristo.
Un aspecto esencial para gerenciar tu vida, es tomar conciencia que debemos buscar – como Cristo nos señala – la calidad y excelencia en todos los actos de nuestra vida, comenzando por la dimensión espiritual. Esta es la novedad y el gran aporte del cristianismo.
El hombre es una unidad y esa unidad debe ser abarcada en su totalidad; debe apuntar no sólo a satisfacer sus aspiraciones terrenas, sino sobre todo debe apuntar a su finalidad última. Es por eso que como empresarios cristianos, estamos obligados a gerenciar nuestras empresas con excelencia y calidad.
Excelencia y calidad que permiten a la empresa ser más eficiente, más productiva y más competitiva para lograr mayor rendimiento, lo cual significa mayores utilidades. Aquí cobra importancia la necesidad imperiosa de ser empresario y cristiano a la vez.
Es bajo esta perspectiva, en la que debemos y tenemos que actuar diariamente, para de esta manera conseguir que los objetivos de la empresa se lleven a cabo en términos y con criterios económicos, pero sin descuidar los valores auténticos, que permiten el desarrollo concreto de la persona y de la sociedad.
La empresa no solo es una sociedad de capitales, es al mismo tiempo una sociedad de personas (Doctrina Social de la Iglesia DSI, numerales 338 y 340)
La Doctrina Social de la Iglesia DSI, reconoce la justa función del beneficio o utilidades como primer indicador del buen funcionamiento de la empresa, lo cual significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente.
Es pues, nuestra responsabilidad de empresarios y cristianos, saber reconocer que las utilidades no solo son fruto de la inversión de los dueños de la empresa, si no también del esfuerzo y trabajo responsable de todos sus trabajadores. (DSI, numeral 340).
COEC F5
NOTAS DE DOCTRINA SOCIAL : EL BIEN COMUN
El bien común comprende “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (GS 26, 1)
El bien común comporta tres elementos esenciales: el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona; la prosperidad o el desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la sociedad; la paz y la seguridad del grupo y de sus miembros.
La dignidad de la persona humana implica la búsqueda del bien común. Cada cual debe preocuparse por suscitar y sostener instituciones que mejoren las condiciones de la vida humana.Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil. El bien común de toda la familia humana requiere una organización de la sociedad internacional.

